jueves, 13 de febrero de 2014

Preámbulos

El cuello palpitando, la piel erizada.
Las costillas se te marcan porque respiras como si el aire de este cuarto fuera el último en el mundo.

Pupilas dilatadas, un gemido que araña tu garganta intentando abrirse paso por tu boca, cerrada y tensa. Adrenalina que hace carreras en tu cuerpo, que se siente casi más que lo que viene a continuación.

Pezones duros, puños cerrados, ceño fruncido, el rímel que mancha tus mejillas (porque limpias eran demasiado bonitas para esto).
La mezcla de miedo y ansia da brochazos en tu iris. El aderezo final.

Te quiero sucia, en tensión, despeinada.
Mojada.
Aterrada, incluso.
Viva.

Los preliminares son tan importantes al follar, como al morder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Venga, di algo, que no muerdo. Bueno, a lo mejor sí, pero flojito.