-Señora, por favor- Se acercó a mí, con pasos cortos, como intentando que yo no huyera o me pusiera a dar gritos. Se arrodilló delante de mí hasta que mi mirada perdida se topó con la suya. -Por favor, señora, no tenga miedo, no voy a hacerle nada.
-No...no tengo miedo. Son demasiadas emociones de una sola vez, eso es todo.
-¿No me cree?
-Sí...supongo. Nunca he descartado del todo las cosas..."mágicas". Supongo que es lo único a lo que me queda aferrarme.
-Déjeme explicar mejor en que consiste ser un vampiro realmente, señora. No quiero que piense que soy una asesina despiadada o que quiero hacerle daño. Las leyendas no hacen justicia del todo.
Habló durante un rato de su transformación, de la sensación de sed, de su alimentación, del transcurso del tiempo, de los efectos que tenía la transformación sobre el cuerpo y la mente...mientras me contaba anécdotas de su historia como vampira, le interrumpí.
-Transfórmame.
Ella miró horrorizada y al mismo tiempo una chispa de curiosidad saltó en sus pupilas.
-¿Pero qué dice, señora? ¿Sabe lo que supone eso?
-Quiero que me transformes. Oyendo tu historia has despertado en mí una profunda envidia.
-Señora, si la transformo, sería el fin de su vida. Tendría que dejar todos estos lujos atrás, toda su vida, su familia, toda la gente que conoce, todos los...
-Eso es lo que pretendo. Sabes que lo que más odio de mí misma son mis apellidos, porque me atan a una familia que odio. Tengo un marido viejo y egoísta, apenas puedo salir de casa porque no es mi función en este sistema. Los lujos me son indiferentes y no tengo más amigos que tú. Muérdeme, por favor. Conviérteme y huiremos juntas de aquí. Me llevaré mi dinero y mis joyas y empezaremos juntas una nueva vida, o si quieres te daré tu parte y seguirás sola tu camino y...
-Señora, espere. Puede que la emoción esté hablando por usted. Piénselo bien.
-No hay nada que pensar, quiero vivir la vida.
-Eso no es vida, señora. Y tampoco muerte. Es como un infinito estado de duermevela. Es eterno, y a menudo doloroso. Te condena a ver morir a cuantos mortales conozcas, a no poder tener hijos de tu propio vientre y a reprimir tus instintos constantemente para no herir a quien quieres.
-Lo que tengo ahora tampoco es vida. Y tú mejor que nadie lo sabes. ¿Cuántas veces me has secado las lágrimas en los últimos años?
Bajó la mirada y su tono se volvió sereno y frío. En su cara se veía la desaprobación de todo aquello, pero la decisión estaba tomada. Además, tanto ella como yo sabíamos que las dos obtendríamos lo que queríamos. Ella quería sangre, y yo quería escapar de todo aquello.
-...De acuerdo pues. Si así lo ordena, mi trabajo es atender sus necesidades. Esta noche cogerá sus cosas, iremos al jardín alegando que tiene que tomar el aire, nos escabulliremos entre la oscuridad hacia el bosque y procederé a transformarla.
Nos dimos un abrazo y esperé hasta la noche con inquietud. En diecinueve años nunca me había sentido tan viva, y en apenas unas horas iba a dejar de estarlo.
Nos dimos un abrazo y esperé hasta la noche con inquietud. En diecinueve años nunca me había sentido tan viva, y en apenas unas horas iba a dejar de estarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Venga, di algo, que no muerdo. Bueno, a lo mejor sí, pero flojito.