Cogí mis joyas y las guardé en una bolsita de tela con mis iniciales bordadas; M. A. R. (Mary-Adair Ross). Mi amiga guardó mi dinero en un bolsillo de su delantal y por último tomé la novela de Frankenstein para después salir de mi habitación. Eran las diez de la noche.
Antes de poner la mano por última vez en el pomo de la entrada a la mansión, asomé la cabeza por la puerta de la sala de estar y dije con voz zalamera:
-Querido, necesito tomar el aire, el corsé me está asfixiando. Saldré un rato al jardín.
Él, con absoluta indiferencia y sin despegar la mirada del periódico se limitó a contestar:
-¿Hace falta que vaya yo?
-No, querido, ya viene Less conmigo.
Él arrugó la nariz y emitió un extraño gruñido que yo interpreté como un "pues que os vaya bien". Lo de preocuparse por los demás no debía de entrar en sus lecciones de infancia. En apenas unos segundos parecía haber olvidado toda la conversación anterior y continuó cumpliendo con sus funciones vitales igual que si yo no existiera.
Less abrió la puerta y me miró a los ojos como preguntando por última vez si estaba segura. Yo respondí atravesando la entrada sin mirar atrás y con paso decidido. Me resultó penoso lo fácil que fue dejar a mi marido y a mi casa para siempre. Supongo que en lo más profundo de mi ser, una Adair orgullosa esperaba preocupación, fuera fingida o verdadera, por parte de mi "querido esposo" y del resto del servicio, que aunque merodeaba por allí, parecía indiferente a la escena.
De todos modos, ya estaba hecho. Me propuse no mirar atrás en todo el trayecto hasta la oscuridad del bosque, y así lo hice. Sorprendentemente, los nervios se habían transformado en una extraña seguridad en mí misma. Una vez sumidas en la negrura, me di cuenta de lo que estaba haciendo y de repente una punzada de inquietud sacudió mi estómago. Seguía estando segura de mi decisión, pero acababa de ser totalmente consciente de lo que suponía aquello.
-Señora, aquí será suficiente.
Paré en seco y me giré para mirarla.
-Tu dirás, Less.
-Siéntese aquí, señora. - Se quitó el delantal y lo extendió sobre la hierba. Me coloqué donde indicó y ella se sentó frente a mí. Instintivamente nos dimos las manos y nos miramos a los ojos. Se me hacía raro comprobar que pese a la sed de Tess y a que en cualquier momento podría matarme, en aquel momento su mirada seguía siendo de pena y preocupación. Apretó los labios y miró hacia abajo.
-¿Lo has hecho mas veces, Less? ¿Has convertido a alguien?
-No, señora.
-Pero...antes me dijiste que sí que habías mordido a humanos.
-Y así es, señora. Pero no les he convertido. Cuando...cuando muerdes a alguien y bebes toda su sangre, no se convierte en vampiro. Eso sólo ocurre si dejas la sangre suficiente.
-...Oh. Entiendo.
-No sé hasta que punto podré controlarme. En la teoría, conozco perfectamente la forma de convertir en vampiro a un humano, pero la práctica es distinta. Estamos a tiempo de volver a casa si...
-No.
-...
-Confío en ti. Tómate tu tiempo y hazlo como puedas, yo me limitaré a obedecer tus órdenes y aguantar tus acciones.
-Señora, si algo... si algo sale mal yo no...
-He dicho que confío en ti.
Apretamos las manos y tras unos minutos de absoluto silencio, finalmente Less habló.
-Estoy lista, señora. ¿Lo está usted?
-Sí, Less.
-No voy a dejar que nada malo le ocurra.
-...Less. Deja de tratarme de usted, somos amigas, y ya que ninguna de las dos va a volver a casa, no tienes que actuar como mi criada.
Por debajo de sus húmedos ojos pude apreciar cómo se extendía su sonrisa. Era sincera. Era mi amiga.
-Allá voy, Adair.
Empujó levemente sus manos contra las mías y yo me tumbé en el suelo. Ella, arrodillada a mi lado, puso la mano en mi mandíbula y giró mi cabeza a la derecha, dejando mi cuello al descubierto. Colocó sus manos en mis hombros suavemente y se inclinó hasta quedar su boca junto a mi cuello.
La noté vacilar unos instantes y le dije, una vez más, en voz baja:
-Confío en ti.
Y entonces Less apretó mis hombros contra el suelo y hundió sus dientes en mi cuello, justo en la yugular.
Mi garganta intentó en vano emitir un grito. La sangre que comenzó a brotar casi no cayó de mi cuello porque iba directamente a la boca de Less. A pesar de eso, notaba cómo algunas gotas resbalaban hasta alcanzar mi nuca. Las notaba porque ardían en mi piel, que cada vez estaba más fría.
Mis manos agarraron con fuerza las telas de la falda de Less de una manera que yo no pude controlar. El interior de mi cuerpo ardía. Con cada latido, notaba el corazón más fatigado, más pesado. No perdí la consciencia en ningún momento. De hecho, a cada segundo que pasaba, iba notando más nítidamente cómo mi cuerpo se vaciaba de sangre, cómo me desvanecía. El dolor era insoportable, pero mi sistema nervioso estaba colapsado y no pude emitir ninguna respuesta ante él.
Por momentos, pensé que Less no podría contenerse. Seguía succionando mi esencia vital, sin pausa.
Cuando sentía que quedaba poco para la muerte, Less empezó a apretar más y más las manos, de manera que me hubiera podido romper los hombros como si fueran hechos de tiza en vez de hueso.
Y de repente, se apartó de mí, jadeando, con mirada de horror y la boca goteando aún mi sangre. Con la mano izquerda se tapó la boca y la nariz, supuse entonces que para evitar oler mi sangre de nuevo y despertar su sed otra vez.
El ardor de mi cuerpo se concentró en mi cabeza y mi pecho. Sentía el iris de mis ojos como si hubiera lava roja en ellos. Y entonces...cerré los ojos, y mi parte humana murió. El dolor cesó de repente. Yo seguía tumbada en la hierba, intentando respirar por instinto un aire que ya no necesitaba.
Less me tomó la mano.
-¿Estás bien, Adair? ¿Estás bien? ¿Me oyes?
-Sí.
Me sorprendió el propio sonido de mi voz. El timbre era el mismo, pero parecía más...claro. Mi voz sonaba más limpia.
-Ya está, ya ha pasado lo más duro. Ya eres vampira, Adair.
Parecía que no terminé de creerlo hasta que lo oí en boca de Less. Era...era una vampira. Me sentía fuerte, rápida, nueva, indestructible. Una sensación inimaginable para un humano.
La frágil Adair, la sumisa Adair...ahora era la vampira Adair. Me gustaba. Sonreí y miré la boca de Less, que también sonreía.
Pero eso no era lo que llamaba mi atención.
El ver mi sangre escurriendo por las comisuras de sus labios hasta su cuello despertó mi sed. No era algo que yo controlase. Simplemente sentí la boca seca, quería sangre... ansiaba sangre.
Less notó lo que me ocurría y un atisbo de ternura pasó por delante de sus ojos. Acariciando suavemente mi mejilla, se inclinó hasta dejar su cara frente a la mía y me besó suavemente. Bueno, ahora no sé si fue exactamente un beso o una forma de darme el desayuno.
Simplemente posó sus labios en los míos y dejó escapar un poco de sangre desde su boca hasta la mía.
El sabor metálico de mi propia sangre hizo saltar una chispa en mí. Era lo único que faltaba para terminar el proceso.
Definitivamente sí, era una vampira.
Muy bueno, me ha enganchado desde el primer momento, y ese final tan bien descrito e intenso.
ResponderEliminarCasi me dan ganas de que me conviertan a mi también...casi, quizá más adelante. :)
Gracias por el comentario.
EliminarCuando quieras, sabes dónde encontrarme :)